lunes, 6 de abril de 2009

Picardías sacramentales

Recuerdos de Carlos Palacio Aliaga


Todos los primeros viernes del mes se asistía a misa a las 08:30 hs. Una mañana muy temprano, le sustraje al cura Ascastello de la despensa de los novicios y sacerdotes un jamón entero. Al suntuoso botín lo escondí en un confesionario, y me olvidé que se celebraba la misa ese mismo día.

Había dos habitáculos a cada lado de la hilera de bancos, y yo sabía que el primero, ingresando a la iglesia a la derecha, generalmente no se usaba, porque no había tantos sacerdotes para impartir el sacramento del perdón. Ante el hecho de la misa, acudí prontamente donde estaba el jamón el cual iba a ser parte de un festín que nos ibamos a dar en el puente de Saldán al otro día en una chupina organizadada previamente.
Me encerré allí, y me vieron algunos de los cursos superiores que se sentaban atrás; también ingresaron algunos feligreses...

Inesperadamente vino una mujer a confesarse, la confesé, le dí el perdón...

Ante tremenda tropelía, me confesé días después con el cura Scrosati, —a drede— (que Dios lo tenga en su gloria que sólo Él lo va a juzgar, no yo).
El cura se olvidó el secreto de la confesión, porque después me reprendió fuertemente, pero no me sancionó con nada.

Así fue lo que pasó, todo lo demás es folclore.

Un abrazo y que sigan los exitos, CHP

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